viernes, noviembre 03, 2006

Vuelo 14

66.
"Sin duda... el ejemplo más espectacular que se conoce hoy en día de construcción espontánea de un edificio molecular complejo, es el de ciertos bacteriófagos. La estructura complicada y muy precisa del bacteriófago T4 corresponde a la función de esta partícula, que no es sólo proteger al genoma (es decir al ADN) del virus, sino adherirse a la pared de la célula huésped para inyectar, a la manera de una jeringa, su contenido de ADN...
(Se trata) del proceso por el que estructuras complejas, a las que están ligadas propiedades funcionales, son construías por el ensamblaje estereoespecífico, espontáneo, de sus constituyentes proteínicos. Hay “aparición” de orden, diferenciación estructural, adquisición de funciones a partir de una mezcla desordenada de moléculas individualmente desprovistas de toda actividad, de toda propiedad funcional intrínseca que no sea reconocer a los compañeros con los que van a construir la estructura. Y no se puede, para los ribosomas o los bacteriófagos, hablar de cristalización, ya que estas partículas son de un grado de complejidad, es decir, de orden, muy superior al que caracteriza a un cristal, no deja de ser cierto que, en el fondo, las interacciones químicas puestas en juego son de la misma naturaleza que las que constituyen un cristal molecular. Como en un cristal, es la estructura misma de las moléculas ensambladas lo que constituye la fuente de “información” para la construcción del conjunto. La esencia de los procesos epigenéticos consiste pues en que la organización de conjunto de un edificio multimolecular complejo está contenido en potencia en la estructura de sus constituyentes, pero no se revela, ni deviene actual más que por su ensamblaje.
... La estructura acabada no estaba en ninguna parte, como tal, preformada. Pero el plan de la estructura estaba presente en sus mismos constituyentes. Ella puede pues realizarse de forma autónoma y espontánea, sin intervención exterior, sin inyección de nueva información. La información estaba presente, pero sin expresar, en los constituyentes. La construcción epigenética de una estructura no es una creación, es una revelación.
Que esta concepción, directamente fundamentada sobre el estudio de edificios microscópicos, pueda y deba igualmente rendir cuenta de la epigénesis de las estructuras macroscópicas (tejidos, órganos, miembros), es algo que los modernos biólogos no dudan, aun reconociendo que se trata de una extrapolación a la que faltan todavía las verificaciones directas... Las interacciones constitutivas más importantes en esta escala tienen lugar no entre componentes moleculares, sino entre células. Se ha podido ver que células aisladas de un mismo tejido son efectivamente capaces de reconocerse entre ellas, diferencialmente, y de juntarse. Sin embargo, se ignora todavía cuáles son los componentes o las estructuras que identifican las células entre sí. Todo lleva a creer que se trata de estructuras características de las membranas celulares.”
Jacques Monod, El azar y la necesidad, 1970.

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